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LICENCIA: Creative Commons License TODO EL CONTENIDO QUE SE PUBLICA EN ESTE BLOG ESTÁ BAJO UNA LICENCIA DE CREATIVE COMMONS. La sensibilidad, el amor, la compasión, la ternura son sentimientos dignos de dejar fluir tanto en el hombre como en la mujer. “Las lágrimas no son símbolo de debilidad sino de humanidad” Besos desde la orilla de la sensibilidad y desde mi propia naturaleza. Selma Val (Seudónimo)

domingo, 18 de agosto de 2013

A ver como os lo explico para que os enteréis





No quiero que os sintáis agredidos, sólo quisiera que aprendierais a escuchar, a observar, a comprender y a leer el lenguaje corporal de la mujer.
Si supierais las sonrisas de tristeza y nostalgia que nos arrancan algunos de vosotros cada vez que se comportan como machos cabríos... Y vosotros pensáis que son sonrisas de admiración y se os infla el ego a tal magnitud que llena vuestra cabeza, no dando cabida para nada más.
A tal punto que pareciera que pensarais y depositarais vuestra inteligencia en la punta de vuestro pene.
Y nosotras sonreímos y callamos, porque no queremos hacerlos sentir mal.
Si supierais lo que detestamos esta aptitud, no queremos un macho dominante, porque asesina nuestros deseos, destruyen nuestras fantasías, aniquilan nuestra ternura y ahogan nuestros sueños y nos hacen sentir como un objeto donde solo se vacían y no más. Donde sus afanes apagan cualquier deseo de una entrega mutua, cualquier esperanza de volvernos cómplices, compinches, volvernos uno solo, fundirnos por completo hasta el punto de no distinguir donde termina nuestra piel y comienza la vuestra.
Pasáis de ser Eros a convertiros en peces salados, en hombres salmón que en vez de encontrar vida y luz en ese túnel húmedo de pasión arrolladora, sensaciones vertiginosas, ternura, amor, deseo compartido; sólo encontráis la muerte, siempre la muerte. Y nos arrastráis a ella sin piedad.
Dejad ya los afanes, las carreras. No entendéis que ese momento puede ser el más sublime, si en vez de competir y dominar empezáis a compartir. Nos permiten, se permiten volvernos cómplices. Cómplices en el deseo, en la ternura, en el amor, en las caricias en los sueños, en las fantasías, en la esperanza, en la ternura, en la lujuria, en el dolor, en la tristeza y en las lágrimas.
No comprendéis que cuando nos permiten ser, convertirnos en sus cómplices los amamos, y nos aman, los deseamos, y nos desean, los vivimos, y nos viven, nos entregamos por completo sin reservas, ni castigos.


María Jiménez V.

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